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Errores que un líder no puede cometer

16 / 1 / 2013

Dirigir personas de forma eficiente no es fácil, y es especialmente retador si el equipo lo forman personas brillantes. Sin embargo, hay cosas básicas en las que no se puede fallar.

No cumplir los compromisos. Si todos debemos cumplir nuestros compromisos, un líder debe hacerlo con más razón. No hacerlo afecta a su credibilidad y a su reputación, ya que un equipo que no respeta a su responsable no puede rendir al máximo. Y por compromiso nos referimos a cualquier compromiso, por insignificante que parezca. Cuando se cita a alguien a una hora, se adquiere un compromiso de estar a esa hora atendiendo la cita programada. Cuando el líder de un equipo se compromete a acudir a un evento, está representando a todo el equipo, y por ello se tiene más obligación que nadie para considerar esos compromisos tan importantes como cualquier otro. Y si las circunstancias impiden cumplir, se debe tratar la excepción con el máximo nivel de seriedad. Por la forma en que se cumplen los compromisos (todos los compromisos) y la manera de abordar los contratiempos, se puede distinguir fácilmente un buen líder de quien no lo es.

No manejar debidamente una reunión. Una reunión de trabajo debe ser programada y ejecutada con hora de comienzo y hora de finalización. Si los asistentes a la reunión no saben a qué hora va a terminar, ¿cómo van a poder programarse la agenda después? Esto cuesta muchísimo dinero a las empresas hoy en día, ya que los asistentes acostumbrados a la incertidumbre sobre la hora de finalización de uno de esos comités suelen bloquear el resto de la mañana o de la tarde para evitar problemas, y dejan de aprovechar mucho tiempo.

Esto normalmente ocurre porque la reunión no está debidamente preparada. Para mantener una reunión de forma eficiente, hay que tener presente varias cosas: 1) Toda reunión tiene que tener un responsable de la eficiencia de la misma, normalmente el jefe del equipo. 2) Se deben tratar temas que interesen a todos y en ningún caso puede ser sustitutiva de una llamada que alguien debería haber hecho a otro compañero, y que espera a la reunión para tratar un tema que debía haber solucionado previamente por teléfono. 3) No es el lugar para contar historias que son más propias de un café, ni para que ningún asistente haga propaganda de sus méritos. 4) Cada tema debe terminar con una decisión o con una tarea que se asigna a algún miembro y que debe llevar fecha de cumplimiento. Por supuesto, como se ha comentado antes, se debe empezar y terminar a la hora prevista.

No delegar adecuadamente. Una persona que dirige un equipo debe asegurarse de que todas las personas que lo componen tienen tres cosas muy claras: a) Qué es lo que se espera de ellos. b) Con qué medios cuenta. c) Qué autonomía tiene para usarlos. A partir de ahí, la labor del líder es conocer y estar informado de la evolución de las cosas para corregir desviaciones antes de que sea demasiado tarde. No hay que confundir “información” con “intromisión”, una cosa es estar informado y otra tomar decisiones que competen a otra persona, aunque sea de rango inferior en la jerarquía de responsabilidad. El otro extremo también es muy negativo: puede darse el caso de responsables de empresas que para demostrar su capacidad de delegar, eviten incluso hacer el seguimiento más básico. Un líder tiene la obligación de estar informado acerca de cómo evolucionan las cosas que dependen de él, e intervenir con el responsable cuando realmente crea que no hay otra opción. Es decir, hacer lo necesario para estar informado no sólo es positivo, sino que es una obligación, aunque nunca se deben tomar decisiones sobre el trabajo de un subordinado sin hablarlo previamente con él, explicar las razones que llevan a proceder de esa manera y consensuar la forma más idónea de hacerlo.

No comunicar con claridad lo bueno y lo malo. Todo el mundo comete errores o hace cosas que no tienen la calidad que se esperaba de ellos, hasta los mejores miembros de un equipo. El líder debe dedicar tiempo tanto a agradecer y valorar el trabajo bien hecho como a comentar las áreas de mejora o el resultado insatisfactorio. Muchas veces se es testigo de cómo un líder evita una conversación con uno de sus colaboradores excusándose en que no quiere poner en riesgo la buena sintonía que existe con él. Gran error. Precisamente por ser uno de los colaboradores más brillantes, será lo suficientemente inteligente como para saber agradecer y aprovechar una conversación de evaluación negativa. Además, muchas veces pequeñas desviaciones acaban en un problema que sólo se resuelve apartando a alguien del equipo, con todas las consecuencia negativas que eso tiene. Esa situación se podría haber evitado con una conversación a tiempo, que es además lo mínimo que se merece cualquier persona que trabaja en una organización.

No estar abierto a nuevas ideas o formas de hacer las cosas. Pocas cosas tan dañinas para una organización como escuchar a su líder decir “siempre lo hemos hecho así y funciona bien, ¿para qué tocarlo?”. A la velocidad que avanza el mundo contemporáneo, los métodos de trabajo, los productos o los procedimientos se quedan obsoletos mucho antes de lo que pensamos y nadie mejor que las personas que están al pie del cañón para detectarlo y traer soluciones. Para optimizar el rendimiento de un equipo su responsable tiene que ser capaz de sacar lo mejor de cada uno, incitarles a aportar y a exprimir su creatividad. Si los miembros de un equipo no perciben el interés de su líder por recibir propuestas aunque muchas sean inútiles o no se puedan aprovechar, se limitarán a cumplir y nunca desafiarán sus límites y la empresa lo lamentará. No sólo hay que estar abierto a nuevas ideas y nuevas maneras de afrontar un problema, sino que hay que saber estimular a los equipos para que sean capaces de rendir al máximo de su potencial creativo.

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