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Todos podemos emprender. No es terreno reservado para unos pocos

16 / 4 / 2015

Hace tiempo que quería escribir sobre el emprendimiento, y por fin, mi querida y admirada amiga Marta Grañó (www.martagranyo.com), ha conseguido impulsarme a la acción.

Hace no muchas semanas, leía una entrevista en El Mundo a Yuval Harari, prestigioso historiador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en la que decía algo que me llamó poderosamente la atención, y es que “…en 40 años el 90% de los ciudadanos no tendrá trabajo. No porque no lo encuentre sino porque dejaremos de ser útiles.” Y aunque suene un poco dramático, es cierto que las cosas parece que marchan en esa dirección. El trabajo que hace no mucho realizaban diez personas, ahora lo puede desarrollar una sola con la ayuda de la tecnología, y dentro de no mucho, las máquinas se hablarán entre ellas y, con la ayuda de un sinfin de algoritmos, negociarán, tomarán decisiones y ejecutarán operaciones con la destreza de un ser humano. A mí no me cabe duda que eso está cerca.

En este entorno, emprender y crear empresas se va a convertir en la necesaria salida para que muchas personas se ganen la vida. Ya la crisis, de la que afortunadamente estamos saliendo, ha llevado a muchas personas a emprender por pura necesidad vital y este fenómeno ha llegado para quedarse. Crear negocios y empresas no sera patrimonio de los más valientes o de los más creativos o de aquellos con más inicitiva. Será una necesidad imperiosa para muchos de los que quieran tener un trabajo y como no existirá, tendrán que crearlo.

Desde esta humilde plataforma que me proporciona la tecnología, quería mandar un mensaje tranquilizador a todos aquellos a los que emprender les crea una sensación de vértigo inevitable y un miedo paralizador que les atenaza y sólo les permite vislumbrar el vacío. Emprender no es tan difícil.

Mi experiencia como empresario está resultando fascinante, y quería compartir con todos algunas conclusiones con la esperanza de ser de utilidad a quién lo pudiera necesitar. Como dicen los anglosajones “To whom it may concern”.

No hay que tener una idea genial para emprender. Si estás esperando a ver lo que nadie ha visto, a pensar lo que nadie ha pensado o a inventar lo que nadie ha inventado, es más que probable que mueras antes de que eso ocurra. Ideas como Facebook hay muy pocas, una o ninguna. Siempre que trato de explicar esta reflexión lo hago con el siguiente ejemplo: “Burger King fue una idea genial… McDonalds, ya no.” Es decir, no esperes a descubrir algo que nadie ha descubierto antes; para emprender basta con que hagas mejor algo que ya se está haciendo. Siempre hay mercado para alguien que supera lo que hay. Siempre.

Evidentemente es imposible pensar que el mercado reconocerá rápido que tu pequeña empresa hace las cosas mejor. Eso lleva tiempo, trabajo y mucho esfuerzo, pero lo hará. Si realmente lo que haces supera lo que hay, inexorablemente una parte del mercado lo reconocerá. Siempre lo hace. Pero hay que darle su tiempo, por lo que si vas a emprender, asegúrate de tener recursos para aguantar un tiempo razonable. No me atrevería a decir cuánto es un tiempo razonable, porque eso depende de los sectores, las industrias y los momentos, pero yo tendría en mente entre dos y tres años mínimo de recursos para aguantar.

Por otro lado, sería utópico pensar que nuestro servicio o producto le va a gustar a todo el mundo o todos los potenciales clientes van a reconocer el valor añadido de nuestra iniciativa. Desde que la humanidad existe, no hay un patrón que funcione de la misma manera en todas las personas, así que no hay que desanirmarse porque alguien no valore lo que hacemos. Es lógico y normal, y por eso decía hace algunos momentos, que emprender necesita esfuerzo, trabajo y tiempo, porque tendremos que buscar, localizar y visitar muchos potenciales clientes hasta ir conquistando los primeros (los más difíciles) mientras descartamos aquellos que, aun teniendo el perfil de potencial cliente, no lo será nunca. Que no cunda el desánimo, es totalmente normal. Ni aunque me tocará mañana el Euromillón con 200 mio de eur (que bien podía, la verdad) me compraría un barco. ¿Tendría el fabricante de veleros que cerrar la empresa porque un rico como yo, le dijera que nunca comprará su producto?. Evidentemente no. Que siga buscando hasta encontrar otros adinerados que valoren y compren su producto. Si es bueno y mejora lo que hay, los encontrará. Seguro.

Así que, para emprender hacen falta sólo tres cosas básicas: hacer algo mejor de lo que ya existe, recursos para aguantar un tiempo razonable y trabajo y esfuerzo para llegar a los clientes que valoran nuestro producto o servicio.

A aquellos que estén planeando emprender, yo les diría además dos cosas que, aún siendo muy intuitivas, no está de más recordarlas. La primera es que los obstáculos y los problemas aparecerán, son parte del proceso. Ningún proyecto por bien diseñado que esté y mejor ejecutado, va a estar ausente de contratiempos e indeseables imprevistos. Hay que aceptarlos y recibirlos como el reto que tenemos que superar, y aprender a disfrutar de la satisfacción que aporta ver cómo superamos problema tras problema. Hay que aprender a ser felices en el camino, no sólo en el destino. El segundo, es que el éxito nunca es fruto de la casualidad ni se gesta a corto plazo. Como dice Bel Pesce, joven empresaria brasileña, el éxito es producto de todo lo que has hecho en la vida hasta ese momento. Desde los acontecimientos que han formado tu personalidad hasta los errores cometidos, pasando por la formación o las vivencias que han marcado momentos concretos. El éxito es el producto de todos esos ingredientes y es fruto del tiempo, nunca de un momento.

Me gustaría terminar con una de las ideas que aprendí de Brian Tracy y que es quizá, la que mayor estímulo ha traído a mi vida desde que la adopté como verdad absoluta. Todo lo que nos ocurre en la vida es responsabilidad de uno mismo, así que destierra las excusas, siéntete responsable de todo lo que te pasa, y actúa.

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